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viernes, septiembre 05, 2008

Hermosa

Va sobre espuma alzada, casi en vuelo,
sin rozar el navío ni la roca
y la distancia abierta la provoca
un doloroso afán de agua y de cielo.

El canto suelto, desflecado el pelo,
de la tierra inocente, grave y loca;
encendidos los sueños y en la boca
la extraña sangre de una flor de hielo
.

Entre mares de espuma y sal se hallaba ella. Cruzando de un lado al otro del arrecife lleno de colores, aquel que habia visto crecer lentamente y llenar todo el fondo del mar, allí, como en un refugio, se ponia corales en el pelo y dejaba que los peces jugaran entre sus manos.


No es el tritón quien le transforma el pecho,
ni el querubín se inflama entre sus labios
para beber después llanto deshecho.

Un hombre, nada más... Con brazos sabios
la tiende sobre el peso de la tierra
y allí se arrastra dulcemente en guerra.
Claudia Lars

martes, agosto 28, 2007

Ssshh... ahì vienen las olas

Pasiones que se encuentran una noche frente al mar, cual olas chocan los sonidos.

Se encuentran las manos y se besan en una canciòn.
Se levantan,con la luna, los sentidos.
Se encuentran.
Pasan de ser tontos olvidados a somatizar ganas.
A escondidas sudan los deseos de sus cuerpos.
Solo se escucha en medio del silencio
el gemido constante de aquellos que se aman.

"No te vayas que la luna se ha empeñado en ver el sol
le ha pedido unos minutos de ilusión
y mi cuerpo pide mas, mi
razón me pide mas
y un torrente corre por mis venas..."

lunes, julio 16, 2007

Arena en las manos

Esa tarde estábamos en la playa. Con el candente sol caribeño y un mar interminable como escenario, las nubes se paralizaron en las esquinas del cielo y sólo dejaban ver un azul intenso que lo llenaba todo. El mar, aunque imponente, sólo llegaba a las rodillas por muchos metros hacia adentro, por lo que nos decidimos por caminar.

Como cualquier playa virgen, estaba rodeada totalmente por árboles que hacían el marco perfecto de este paisaje. En el mar, convivían junto a nuestras pisadas, peces de perlados colores; juguetones nos seguían el ritmo al caminar y escapaban al primer intento nuestro de alcanzarlos. Cada cierto tramo veíamos montículos de arena que emergían del agua como pequeñas islas. En uno de esos vimos de lejos a una niña con su madre.

Ellas, nos observaban a medida que nos acercábamos. La niña, con sonrisa pícara y cabello rizado, tocaba el rostro de su madre que jugaba en la arena con ella. Nos sentamos junto a ellas y sin cruzar palabras empezamos a construir castillos de la arena que nos rodeaba. Pequeños y con detalles meticulosos... hicimos lo que pudimos. Pusimos nuestro esfuerzo en agradarles aunque no nos decían nada. Sólo nos miraban y sonreían.

Al terminar aquel castillo, con torres bajas, murallas torcidas, una puerta sin forma definida, pero muy resistente, me quedé con algo de arena en la mano y comencé a formar algo que no recuerdo. La niña me mira y le secretea algo a su madre. Ella, la madre, se voltea y sonriendo nos dirige la palabra por primera y única vez para decirnos: "Sólo quien pone sus manos a crear tiene algo de Dios en su corazón".

Así se levantó, tomó a la niña de la mano, sonrieron ambas y se marcharon caminando por las aguas azul turquesa que nos rodeaban, dejándonos allí con arena en las manos y un sol que parecía danzar en el cielo.

martes, julio 03, 2007

Rendirse

Talvez porque vemos tanta muerte es porque nos empeñamos en perseguir la vida. Al menos en mi caso. Pero en el caso de él fue diferente. En vez de perseguir la vida con ganas, con los puños y los dientes y las uñas, se decidió por morir.

Como muchas veces lo había hecho, se paró frente al precipicio, justo por encima del mar y se lanzó al agua que lo esperaba debajo. Solo que esta vez el nivel no era lo suficiente como para evitar chocar con el fondo. Y asi pasó. Lastimó su columna vertebral de tal manera que nunca mas podría llegar a mover nada de su cuerpo del cuello hacia abajo, o como diría después, quedó con la cabeza viva y el cuerpo bien muerto. Muchos años pasaron bajo el cuidado de otros. Otras manos que acariciaban su cabello, rasuraban su barba, lavaban su piel y rascaban su nariz. Pocas bocas le besaron apasionadamente... casi todas por compasión. El lo sabía y, sin embargo, con su humor habitual repasaba labios ajenos con poemas llenos de ganas.

Una noche lo llevaron a una habitación, lo acostaron y colocaron sus manos y pies en la posición que había indicado; lo arroparon y empezó lo que seria su ritual de despedida. Aquella persona tomó un potecito de vidrio, de aquellos sin etiqueta, como los que se usan para guardar sustancias peligrosas. Ella se paró delante de él mirandole mucho tiempo... como esperando que le dijera que todo era un error y que se decidiría por una alternativa de vida. Pero su media sonrisa indicaba que el plan seguia en pie y que ella no debia meterse si ya habia decidido ayudarlo (lo que es dar su palabra por algo...) Prendió la camara y empezó la función. Habló palabras de despedida. Sonrió de medio lado una última vez y bebió lo que le daría su supuesta libertad. Su ansiado adiós. Su nueva vida.

Se rindió. Poco a poco sus órganos empezaron a fallar. Minutos de una agonía esperada.

Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.

El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.

Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
'más adentro', 'más adentro'
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.(R.S)


viernes, junio 08, 2007

¿Estás aún?

Abre sus ojos a otros ojos... los mismos, aquellos que anoche la amaron. Los cierra de nuevo y los abre... como si no fuera realidad a lo que despertó esa mañana. En sus pupilas (las de ella) se refleja su cara (de él), le mira el cabello, la manera en que pone sus manos bajo la almohada al dormir, su boca entreabierta... su boca. Los labios que la recorrieron como tentando cada centímetro de su piel...


Como soy reina y fui mendiga,
ahora vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»


Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?».(G.Mistral)

martes, abril 03, 2007

Haciendome compañía

Hoy quiero estar sola conmigo. Convivir conmigo y hacerme compañía. Estando con otros pero conmigo. Disfrutar de mis labios sinceros y mi sonrisa espontánea, de mis manos pequeñas y mis dedos cortos. Pintar mis uñas de rojo sangre y observarlas de cerca. Yo quiero pensar en mí.

Quiero estar sola conmigo y amanecer observando el cielo. Talvez sólo en la sala de mi casa, pero mirando fijamente una estrella en específico y verla desaparecer junto a la noche. Y mientras, escuchar música de Pavel y Alejandro, de Silvio y Maridalia, y de cada canción hacerle una historia a aquella estrella.

Quiero estar sola conmigo. Conjugar el verbo amar en primera persona y (esta vez no por Narcisismo) observar cada curva de mi cuerpo, disfrutar del viento moviendo mi cabello y acariciando mi piel. Sentir que soy libre, y que, siendo hija de Dios, él me sopla sus secretos con cada movimiento de las hojas de los árboles.

Hoy quiero disfrutarme. Oír mi voz cantar desde mi alma, tomar vino hasta olvidarme de mí y luego volver para escribir una poesía. Hoy quiero reconocer en mi mirada a la niña qe jugaba a las escondidas y a la que le robaron su primer beso. Hoy quiero estar sola conmigo y quererme. Abrazarme. Encontrar concordancia entre mi locura por bailar y mi obsesión por la ortografía. Estudiar mi fijación por la Alfonsina que se fue y quedarme en la pasión que desbordo al leerle. Disfrutarme. Decirme a mi misma que me quiero. Cuidarme. Preparar mi corazón para que siga fuerte y decidido, sabiendo que muchos lo tomarán como desprecio pero hoy no me importan esos muchos. Hoy me importo yo. Mañana pensaré en otros. Hoy quiero estar sola conmigo.

jueves, febrero 08, 2007

Voy a dormir


Sin mirar atrás siguió su camino. Cruzó la calle, subió la pequeña colina y tocó la roca. La misma piedra que sería su testigo. Allí, frente a los últimos rayos de sol del 25 de octubre de 1938, allí contó su historia, como si quisiera que la naturaleza tuviera constancia de ella y se acordara de sus males; como si quisiera trascender en ese mismo momento, esperando respuesta de las gaviotas que cruzaban el cielo y de las olas del mar que pronto serían sus hermanas.

Ella, con la sangre vuelta morfina, agonizando por dentro, muriendo lentamente por fuera; cansada, lenta, pequeña, insufrible, se volvió al camino que había atravesado, sonrió ligeramente y dandole la espalda de nuevo, miró al mar. Al mar infinito, con un fondo entre naranja y violeta, ella, leyenda en vida, ahora se entregaba a ser mito en la muerte.

Así, Alfonsina, respiró profundamente, pensó en su vida, en su lucha por aprender, en sus poemas y en sus amores fallidos. Recordó sus escritos y la reacción de la gente, ante lo que ella decía y escribía...porque a todo esto, ella nació en la época equivocada, sus ideas tenían aires progresistas e innovadoras, admirada por muchos, despreciada por otros tantos; añora a sus alumnos, evoca a Quiroga, al café Tortoni y a las noches de bohemia. Da cuentas al viento de que su rebeldía no la mantenía inmune de querer ser amada, porque sí, debajo de su soberbia y altivez, yacía una mujer desnuda, queriendo ser rozada por los finos telares del amorío perfecto.

De su hijo, su tesoro, su amigo, está más que segura de que vivirá consciente de que el mundo que le rodea sirve sólo para ser moldeado a merced de los seres humanos...sí, el podrá vivir sin ella, con el recuerdo de ella, con la seguridad de sus ideas y con la frente en alto.

Aunque se había olvidado por un momento del mar, volvió a él casi inmediatamente, y junto a esa concentración su idea primaria. Y así, con el pecho mutilado, con los ejemplos de Quiroga, Eglé y Lugones, con ellos como guías (parecía como si la espuma hubiera tomado sus formas y desde lejos le dijeran: "ven, que se hace tarde y te espera el viaje al infitino")

"Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Soltó la roca Alfonsina, y se dejó arrastrar por el viento, se sintió llevada por sirenas en el mar, caballitos del océano le sonreían y danzaban en su honor, presintió su alma liberada y su corazón diciendo:

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Y si llama él, no le digas que estoy, dí que yo me he ido... pero allí en la roca descansa mi alma, allí en la cumbre frente al mar, dile, que entre la espuma... sonrío yo, ya dormida.