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miércoles, julio 25, 2007

De cerca

Hoy te extraño como hace muchos días que no lo hacía.

Hoy me haces tanta falta que me duelen los huesos,
que se siente un vacío por dentro que me arropa lentamente.
Hoy me hace falta quererte...

Hoy te extraño como nunca.
Sentir que te amo y no poder decirtelo al oído, así bajito,
susurrarte que necesito de tus labios, que tengo ganas... que tengo ganas...

Hoy quiero verte aunque sea de lejos.
No es cierto. Quiero verte cerquita.
Y aunque esté llena de calor la noche, arroparme con tus brazos,
refrescarme con tu aliento, respirarte.
Sentir que hacemos de este amor partido en dos y lejano,
uno sólo, amarrado, húmedo y con más ganas.

Hoy no quiero anhelarte. Al menos no esta noche.
Me dormiré para soñarte. Así te tengo más fácil.

Hoy en sueños te tengo de cerca.
Bajo una lluvia de colores
en un mundo lleno de gente que nos mira besarnos.
Se pegan a mi boca y, labios contra labios, se completan mutuamente.
Se va saciando dormida lo que despierta me tortura.
Sólo que dormida el tiempo es corto.
Y nada más queda amanecer para extrañarte hasta una próxima ocasión.

martes, marzo 06, 2007

Amar como la Luna


A mi me fascina su luz. Fría, azul, tenue. Fue hecha para el amor, porque muchas historias de amor se han tejido bajo su manto estelar, pero también fue hecha para amar. Y lo hace todos los días. Dos veces por día. Por la eternidad. Muchas veces tiene que despedir a quien ama, y las mismas veces debe decirle adiós. Su vida no debe ser fácil.

Él la mira desde lejos. Caliente, rojo fuego, brillante. Le sonríe cada mañana y le brinda una canción en forma de rocío. La ama profundamente. La ama tanto que todos los días se despide de ella cada noche para verla decirle adiós en la mañana. Su vida tampoco debe ser fácil.

Sueñan mucho con estar cerca...y han llegado a idear la manera de sentirse cerca pocas veces cada milenio. En esas noches o días se esconden uno detrás del otro. El de delante da la espalda para besarse con el que quedó lejos de los ojos de los humanos. Y sus besos se inmortalizan en haces de luz que se escapan y quedan atrapados en fotografías.

Ambos por su lado velan por el mundo. Fueron encargados de dar luz, directa e indirectamente, a los seres que habitan la tierra. Influyen de tal manera que hasta nuestro humor cambia en presencia de ellos, y la naturaleza puede verse alegre o nostalgica según sea la ocasión. Y los seres humanos los miran como rutina en vez de aprender a amarse como ellos. Eternamente, sin condiciones, simplemente porque fueron hechos para eso. Y nosotros los humanos hemos sido hechos para amar. Esa es nuestra ignorada naturaleza.

Ese sábado la luna habló al corazón de muchos, le contó de sus noches, de su nostalgia, de su vida. Habló de tal manera que terminó tornándose púrpura lo que era blanco e inocuo. Nosotros, los admiradores terrenales de la luna nos sentimos totalmente aludidos. Aludidos porque nos habló tan directamente que la noche misma se tornó nostalgia, que la misma oscuridad se volvió compañía y que las conversaciones sostenidas hasta ver el sol de ese domingo nos tornaron el alma.

Talvez sería mejor amar como la luna. Sin condiciones, viendo en la luz que emana el sol la más sublime de las demostraciones de amor. Tan tierno y apasionado, que toca con sus rayos la superficie de la luna, recorriendo sus montes, abrazando sus hondonadas, calentando su frío ambiente para transformarlo en amor para nosotros, los infames humanos, que hacemos del amor un ente totalmente pasional olvidándonos de que dar hasta nuestros últimos rayos al astro que nos espera todos los días, es para lo que hemos sido hechos.

Querer como la luna y el sol... dilema que puede ciertamente convertirse en amor verdadero y en la mejor historia de amor de todos los tiempos.